Branding・UI/UX・2028 – 2019
Sube fue mi punto de partida real en el mundo de UI/UX. Imagina: un grupo de amigos lanzando, desde cero, la primera app de taxis en Cuba, en un contexto de mercado emergente donde ni los usuarios ni los conductores tenían experiencia previa con plataformas digitales. Nos enfrentamos a retos enormes: conectividad limitada, dispositivos muy diversos y la necesidad de inventar patrones de comportamiento digital casi desde la nada.
En Sube diseñé absolutamente todo desde cero: la arquitectura de información, los user flows y la identidad visual completa, trabajando muy de cerca con el equipo para traducir necesidades, dudas y miedos del usuario local en soluciones tangibles. Integré principios de diseño centrado en el usuario, pero también tuve que ajustar el libro: testamos y cambiamos dos veces el producto, aprendiendo de los errores, los rechazos y la realidad técnica del país.
Tocó ser práctico: creé patrones de interacción optimizados para quienes nunca habían usado Uber, ni apps, ni pagos digitales. El resultado: onboarding guiados, mensajes ultra claros, botones grandes y funciones críticas accesibles, priorizando usabilidad y accesibilidad sobre cualquier tendencia de moda.
No solo diseñé interfaces: también creé la identidad visual, la estrategia de posicionamiento y el naming. Sube necesitaba sentirse amigable, segura y local; logré una marca que conectó con usuarios y conductores, y creó precedente para apps posteriores del sector.
El trabajo metodológico fue puro Lean UX y MVP: lanzábamos, recogíamos feedback en tiempo real y rediseñábamos rápido para sobrevivir (literalmente). Los prototipos nacían en Figma, pero la validación era en la calle, con taxistas y usuarios reales. Priorizamos la simplicidad, la coherencia visual y documentamos cada aprendizaje para volver a intentarlo mejor.
Además de la app para pasajeros, diseñé la interfaz específica para taxistas, centrando todo en la máxima sencillez y en la realidad cubana: flujos reducidos, mensajería clara y accesibilidad, ya que muchos conductores nunca habían usado aplicaciones similares. El reto técnico fue aún mayor por los problemas continuos de conectividad: desarrollé pantallas que cargaran rápido, con estados claros para prevenir errores y perder viajes por desconexión. Durante el proceso, organicé rondas de entrevistas y testeo directo con taxistas: probamos varias versiones en la calle, escuchamos sus feedbacks y mejoramos onboarding, navegación y gestión de carreras basándonos en su experiencia diaria. Este enfoque garantizó que el producto final sirviera de verdad a quienes confiaban en la app como parte clave de su trabajo.
Como cofundador, tomé grandes decisiones de producto, pero también aprendí lo fundamental de la colaboración multidisciplinaria y el liderazgo de equipos en contexto emprendedor. Sube fue mi escuela en experiencia de usuario, producto digital y diseño estratégico.
La app llegó a revolucionar la movilidad en La Habana y marcó pauta en servicios digitales del país, aunque la historia se encontró de lleno con la pandemia y el cierre fue inevitable. De Sube me llevo la experiencia de “crear donde nadie había creado antes”, el valor de los errores iterativos y la certeza de que el diseño, si es honesto y contextual, puede cambiar mercados.