UI/UX・2021-2022
Mandao nació en Cuba, donde lanzar una app digital era casi ciencia ficción. No existía competencia ni modelos a copiar, así que tocó innovar de verdad. Las condiciones tecnológicas y sociales eran difíciles: conectividad irregular, dispositivos de todo tipo y usuarios poco familiarizados con experiencias digitales.
Desde el primer día aposté por el diseño centrado en el usuario. Hicimos investigación cualitativa: entrevistas, observación real en la calle, creación de personas, mucha escucha directa. Así modelamos user journeys que se sentían naturales para quienes los usaban, y no para lucir bien en portfolios.
Rediseñé a fondo la arquitectura de información, centrándome en claridad y sencillez. Los flujos de usuario —alta, pedidos, seguimiento, delivery— se repensaron para minimizar fricción, priorizando usabilidad y mensajes simples. Este trabajo permitió que la app fuera comprensible desde el primer uso, incluso para gente poco habituada a lo digital.
Cada funcionalidad fue del papel a la calle: prototipado en Figma, feedback directo y testing de usabilidad real, iterando sobre hipótesis en ciclos rápidos de diseño–probar–ajustar. Empleé metodología Lean UX: lanzar, aprender, mejorar. Muchas veces, una idea perfecta en pantalla no sobrevivía a la red cubana o a la experiencia cotidiana.
Para sostener el ritmo y la calidad, creamos un design system robusto, modular y vivo: componentes reutilizables bajo principios de atomic design, paleta de colores accesible, tipografía clara y documentación visual para handoffs ágiles con el equipo de desarrollo. Esto nos permitió escalar a tres apps (usuarios, mandaderos, negocios) sin perder coherencia visual ni funcional.
La app de negocios permite a restaurantes y comercios gestionar pedidos, controlar entregas y tener visibilidad operativa en todo momento. La prioridad fue una interfaz ordenada, con filtros instantáneos, informes claros y disponibilidad en tiempo real, todo unido al ecosistema Mandao.
Para cohesionar la experiencia, también llevé a cabo el rediseño de la web pública, alineando sistema visual, navegación y funcionalidades con la app. La web se transformó en una extensión natural del producto: clara, atractiva y adaptada a dispositivos móviles, reforzando la marca y facilitando la conversión tanto para usuarios como para comercios.
Mi trabajo nunca fue en solitario. Colaboré codo a codo con desarrollo, operaciones y marketing. Las mejores soluciones surgieron del cruce de ideas: lo que era sencillo en diseño a veces requería magia en código o ajustes en la operación. Cada release fue un ejercicio conjunto de adaptación, priorización y enfoque en lo importante para el usuario.
Mandao fue viva desde el inicio: cada versión aportó nuevas funcionalidades, siempre mejorando desde el feedback y la realidad del día a día. Tracking en tiempo real, onboarding más simple, gestión de negocios… Nada se quedó estático; la app se adaptó conforme la comunidad y la operación lo pedían.
Consecuencia: Mandao se mantuvo como pionero y referente digital en Cuba. Gestionamos cada vez más pedidos, redujimos errores y mejoramos la experiencia operativa y comercial. Más que números, el impacto está en usuarios más felices, comercios que confían en nuestra plataforma y equipos que pueden avanzar rápido sin perder calidad.
Diseñar para Cuba me enseñó a adaptarme, simplificar y escuchar de verdad. El sistema de diseño y la cultura de mejora continua nos dieron resiliencia y visión a largo plazo. Mandao sigue evolucionando: el próximo paso es profundizar en analítica, experimentar y seguir aportando valor real a la comunidad… siempre desde la empatía, la colaboración y el diseño con propósito.